srdash: Equus, Mosfellsbaer Valley, Iceland by Margo Dooney, New York, NY | Digital C-Print  (vía unusuallytypical)
ECUADOR
EL AMOR Poema Aniversario de Medardo Ángel Silva   ¡Hoy cumpliré veinte años: amargura sin nombre   de dejar de ser niño y empezar a ser hombre de razonar con lógica y proceder según los sanchos profesores del sentido común! ¡Me son duros mis años ?y apenas si son veinte? ; ahora se envejece tan prematuramente, se vive tan de prisa, pronto se va tan lejos, que repentinamente nos encontramos viejos, enfrente de las sombras, de espaldas a la aurora, y solos con la esfinge siempre interrogadora! ¡Oh!, ¡madrugadas rosas olientes a campiñas y a flor de virgen! ?entonces estaba el alma niña? Y el canto de la boca fluía de repente y el reír sin motivo era cosa corriente. Iba a la escuela por el más largo camino tras dejar, soñoliento, la sábana de lino, y la cama bien tibia, cuyo recuerdo halaga sólo al pensarlo ahora; aquel San Luis Gonzaga de pupilas azules y risa cabellera que velaba los sueños desde la cabecera. Aunque yendo despacio al fin de la callejuela   acaba, y estábamos al frente de la escuela con el ?Mantilla? bien oculto bajo el brazo; y haciendo, en el umbral, mucho más lento el paso. Y entonces era el ver la calle más bonita, más de oro el sol y más fresca la mañanita. Y después, en el aula, con qué mirada inquieta se observaban las huellas rojas de la palmeta sonriendo no sin cierto medroso escalofrío, de la calva del dómine y su sueño sombrío… Pero, ¿quién atendía a las explicaciones?… ¡Hay tanto que observar en los negros rincones! Y, además es mejor contemplar los gorriones en los hilos: seguir el áureo derrotero de un rayito de sol o el girar bullanguero de un insecto vestido de seda rubia o una mosca de vellos de oro y alas color de luna. ¡El sol es el amigo más bueno de la infancia! ¡Nos miente tantas cosas bellas a la distancia! ¡Tiene un brillar tan lindo de onza nueva! ¡Reparte tan bien su oro que nadie se queda sin su parte! Y por él no atendíamos a las explicaciones; ese brujo Aladino evocaba visiones de las Mil y una Noches de las Mil Maravillas y beodas de sueños, nuestras almas sencillas, sin pensar, extendían las manos suplicantes como quien busca a tientas puñados de diamantes. ¡Oh!, los líricos tiempos de la gorra y la blusa y de la cabellera rebelde que rehúsa la armonía de los peinados maternales, cuando íbamos vestidos de ropa nueva a misa dominical y pese a los serios rituales, al ver al monaguillo soltábamos la risa! ¡Oh!, los juegos con novias de traje a las rodillas los besos inocentes que se dan a hurtadillas a la bebé amorosa de diez a doce años, y los sedeños roces de sus rizos castaños y las rimas primeras y las cartas primeras que motivan insomnios y producen ojeras! ¡Adolescencia mía: te llevas tantas cosas que dudo si ha de darme la juventud más rosas y siento como nunca la tristeza sin nombre de dejar de ser niño y empezar a ser hombre!… ¡Hoy no es la adolescencia mirada y risa franca, sino el cansado gesto de precoz amargura y está el alma que fuera una paloma blanca triste de tantos sueños y de tanta lectura!  

EL AMOR

Poema Aniversario de Medardo Ángel Silva

 

¡Hoy cumpliré veinte años: amargura sin nombre
  de dejar de ser
niño y empezar a ser hombre
de razonar con lógica y proceder según
los sanchos profesores del sentido común!

¡Me son duros mis años ?y apenas si son veinte? ;
ahora se envejece tan prematuramente,
se vive tan de prisa, pronto se va tan lejos,
que repentinamente nos encontramos viejos,
enfrente de las sombras, de espaldas a la aurora,
y solos con la esfinge siempre interrogadora!

¡Oh!, ¡madrugadas rosas olientes a campiñas
y a flor de virgen! ?entonces estaba el alma niña?
Y el canto de la boca fluía de repente
y el reír sin motivo era cosa corriente.

Iba a la escuela por el más largo camino
tras dejar, soñoliento, la sábana de lino,
y la cama bien tibia, cuyo recuerdo halaga
sólo al pensarlo ahora; aquel San Luis Gonzaga
de pupilas azules y risa cabellera
que velaba los sueños desde la cabecera.

Aunque yendo despacio al fin de la callejuela
  acaba, y estábamos al
frente de la escuela
con el ?Mantilla? bien oculto bajo el brazo;
y haciendo, en el umbral, mucho más lento el paso.
Y entonces era el ver la calle más bonita,
más de oro el sol y más fresca la mañanita.

Y después, en el aula, con qué mirada inquieta
se observaban las huellas rojas de la palmeta
sonriendo no sin cierto medroso escalofrío,
de la calva del dómine y su sueño sombrío…
Pero, ¿quién atendía a las explicaciones?…
¡Hay tanto que observar en los negros rincones!

Y, además es mejor contemplar los gorriones
en los hilos: seguir el áureo derrotero
de un rayito de sol o el girar bullanguero
de un insecto vestido de seda rubia o una
mosca de vellos de oro y alas color de luna.

¡El sol es el amigo más bueno de la infancia!
¡Nos miente tantas cosas bellas a la distancia!
¡Tiene un brillar tan lindo de onza nueva! ¡Reparte
tan bien su oro que nadie se queda sin su parte!
Y por él no atendíamos a las explicaciones;
ese brujo Aladino evocaba visiones
de las Mil y una Noches de las Mil Maravillas
y beodas de sueños, nuestras almas sencillas,
sin pensar, extendían las manos suplicantes
como quien busca a tientas puñados de diamantes.

¡Oh!, los líricos tiempos de la gorra y la blusa
y de la cabellera rebelde que rehúsa
la armonía de los peinados maternales,
cuando íbamos vestidos de ropa nueva a misa
dominical y pese a los serios rituales,
al ver al monaguillo soltábamos la risa!

¡Oh!, los juegos con novias de traje a las rodillas
los besos inocentes que se dan a hurtadillas
a la bebé amorosa de diez a doce años,
y los sedeños roces de sus rizos castaños
y las rimas primeras y las cartas primeras
que motivan insomnios y producen ojeras!

¡Adolescencia mía: te llevas tantas cosas
que dudo si ha de darme la juventud más rosas
y siento como nunca la tristeza sin nombre
de dejar de ser niño y empezar a ser hombre!…

¡Hoy no es la adolescencia mirada y risa franca,
sino el cansado gesto de precoz amargura
y está el alma que fuera una paloma blanca
triste de tantos sueños y de tanta lectura!

 


EPOCA DE LOS DECAPITADOS EPOCA DE LOS DECAPITADOS QUIENES PERTENECIERON La Generación Decapitada fue una agrupación literaria formada por cuatro poetas jóvenes ecuatorianos en las primeras décadas del siglo XX. Dos guayaquileños, Medardo Ángel Silva (1898-1919) y Ernesto Noboa Y Caamaño (1891-1927) y dos quiteños, Arturo Borja (1892-1912) y Humberto Fierro (1890-1929), fueron los precursores del Modernismo en el Ecuador. Estos cuatro tuvieron gran influencia del movimiento modernista de Rubén Darío y la poesía simbolista francesa de finales del siglo XIX. Todos leyeron en su lengua original a emblemáticos bardos franceses tales como Baudelaire, Victor Hugo, Samain, Rimbaud y Verlaine. Aunque los cuatro se conocieron en vida e incluso se dedicaron varios poemas mutuamente, nunca se reunieron para crear juntos. A esta generación se la denominó “decapitada” por el hecho de que todos estos poetas murieron a edades muy tempranas, Silva a los 21 años de edad, Borja a los 20, Fierro a los 39 y Noboa a los 38. Existe una polémica sobre las muertes de ellos. En algunos casos es incontestable que su muerte fue por mano propia; en otros, notablemente en el caso de Medardo Ángel Silva, existen varias versiones e hipótesis sobre la forma en que ocurrió el hecho. El término “generación decapitada” nació a mediados del siglo XX, por obra del ensayista y periodista Raúl Andrade en su libro El perfil de la quimera y se ha prestado a muchas confusiones. El objetivo de Andrade no fue condenar a estos poetas sino ofrecer un contexto histórico a las coincidencias que aparecen en sus obras. Muchos de los poemas de Medardo Ángel Silva de su libro El árbol del bien y del mal pueden ser escuchados en la música del cantante Julio Jaramillo, como por ejemplo el poema El alma en los labios, que fue escrito por Silva días antes de su muerte. Dejando así en claro su estilo de poesía depresiva, melancólica, llena de versos de amor extremis llamando tal vez sin querer a la muerte en forma de musa inspiradora. MEDARDO ÁNGEL SILVA: (Guayaquil, Ecuador, 8 de junio de 1898 – Guayaquil, Ecuador, 10 de junio de 1919) fue un reconocido poeta ecuatoriano perteneciente a la llamada Generación decapitada. OBRA LITERARIAS: Escribió bajo los seudónimos de “Jean D’Agreve” y “Oscar René”, que adoptó en 1915. De sus obras sólo fueron publicadas María Jesús y El árbol del bien y del mal, el resto quedaron inéditas. Entre sus famosas obras literarias están: ·         El árbol del bien y del mal (poesías, 1918) ·         María Jesús (novela, 1919) ·         La máscara irónica (ensayos) ·         Trompetas de oro (poesías) ·         El alma en los labios    POESIA ROMANTICO MODERNISTA No se sabe a ciencia cierto si es que realmente Silva fue amigo cercano del resto de integrantes de la llamada Generación decapitada: los poetas quiteños, Arturo Borja y Humberto Fierro y el guayaquileño Ernesto Noboa y Caamaño; aunque se sabe que al menos compartía una relación de correspondencia con algunos de ellos. Cabe recalcar que Silva era el único del grupo de baja posición económica, perteneciendo los otros a las élites capitalinas. Mucho se ha discutido también acerca del carácter modernista de Silva. Su obra está llena de evocaciones a signos modernistas que llegaron tardíamente a Ecuador, pero a pesar de ello se conjuga con rezagos del romanticismo, lo cual no es una dicotomía sino una visión muy particular del arte de Silva, Fierro, Noboa y Borja. Su poesía está llena también de imágenes melancólicas y de constantes llamados a la Muerte. Aparecen así mismo varios reproches a la Vida, la cual Silva sentía que lo miraba “como una reina ofendida”. Otro carácter recurrente en su poesía es el tedio inacabable y un sufrimiento que se manifiesta sin motivo alguno. (Fuente: DECAPITADA)

EPOCA DE LOS DECAPITADOS

EPOCA DE LOS DECAPITADOS

QUIENES PERTENECIERON

La Generación Decapitada fue una agrupación literaria formada por cuatro poetas jóvenes ecuatorianos en las primeras décadas del siglo XX. Dos guayaquileños, Medardo Ángel Silva (1898-1919) y Ernesto Noboa Y Caamaño (1891-1927) y dos quiteños, Arturo Borja (1892-1912) y Humberto Fierro (1890-1929), fueron los precursores del Modernismo en el Ecuador. Estos cuatro tuvieron gran influencia del movimiento modernista de Rubén Darío y la poesía simbolista francesa de finales del siglo XIX. Todos leyeron en su lengua original a emblemáticos bardos franceses tales como Baudelaire, Victor Hugo, Samain, Rimbaud y Verlaine. Aunque los cuatro se conocieron en vida e incluso se dedicaron varios poemas mutuamente, nunca se reunieron para crear juntos.

A esta generación se la denominó “decapitada” por el hecho de que todos estos poetas murieron a edades muy tempranas, Silva a los 21 años de edad, Borja a los 20, Fierro a los 39 y Noboa a los 38. Existe una polémica sobre las muertes de ellos. En algunos casos es incontestable que su muerte fue por mano propia; en otros, notablemente en el caso de Medardo Ángel Silva, existen varias versiones e hipótesis sobre la forma en que ocurrió el hecho. El término “generación decapitada” nació a mediados del siglo XX, por obra del ensayista y periodista Raúl Andrade en su libro El perfil de la quimera y se ha prestado a muchas confusiones. El objetivo de Andrade no fue condenar a estos poetas sino ofrecer un contexto histórico a las coincidencias que aparecen en sus obras.

Muchos de los poemas de Medardo Ángel Silva de su libro El árbol del bien y del mal pueden ser escuchados en la música del cantante Julio Jaramillo, como por ejemplo el poema El alma en los labios, que fue escrito por Silva días antes de su muerte. Dejando así en claro su estilo de poesía depresiva, melancólica, llena de versos de amor extremis llamando tal vez sin querer a la muerte en forma de musa inspiradora.

MEDARDO ÁNGEL SILVA: (Guayaquil, Ecuador, 8 de junio de 1898 – Guayaquil, Ecuador, 10 de junio de 1919) fue un reconocido poeta ecuatoriano perteneciente a la llamada Generación decapitada.

OBRA LITERARIAS:

Escribió bajo los seudónimos de “Jean D’Agreve” y “Oscar René”, que adoptó en 1915. De sus obras sólo fueron publicadas María Jesús y El árbol del bien y del mal, el resto quedaron inéditas.

Entre sus famosas obras literarias están:

·         El árbol del bien y del mal (poesías, 1918)

·         María Jesús (novela, 1919)

·         La máscara irónica (ensayos)

·         Trompetas de oro (poesías)

·         El alma en los labios 

 

POESIA ROMANTICO MODERNISTA

No se sabe a ciencia cierto si es que realmente Silva fue amigo cercano del resto de integrantes de la llamada Generación decapitada: los poetas quiteños, Arturo Borja y Humberto Fierro y el guayaquileño Ernesto Noboa y Caamaño; aunque se sabe que al menos compartía una relación de correspondencia con algunos de ellos. Cabe recalcar que Silva era el único del grupo de baja posición económica, perteneciendo los otros a las élites capitalinas.

Mucho se ha discutido también acerca del carácter modernista de Silva. Su obra está llena de evocaciones a signos modernistas que llegaron tardíamente a Ecuador, pero a pesar de ello se conjuga con rezagos del romanticismo, lo cual no es una dicotomía sino una visión muy particular del arte de Silva, Fierro, Noboa y Borja.

Su poesía está llena también de imágenes melancólicas y de constantes llamados a la Muerte. Aparecen así mismo varios reproches a la Vida, la cual Silva sentía que lo miraba “como una reina ofendida”. Otro carácter recurrente en su poesía es el tedio inacabable y un sufrimiento que se manifiesta sin motivo alguno.

(Fuente: DECAPITADA)